El Gran Misterio Templario.
Autor. EAN Begg.
Tema: Vírgenes Negras. Teología. Religiones. Arte en general. Bellas artes.
Datos del libro:
Datos del libro:
Editorial: Martinez Roca.
Fecha de edición: 1 septiembre 1995
Lugar de edición: Barcelona.
Lugar de edición: Barcelona.
Tamaño: 22 cm. x 14 cm.
Páginas: 258.
Encuadernación en tapa blanda de editorial ilustrada.
Traducción de Jordi Fibla.
Colección Enigmas del cristianismo.
Bibliografía: p. 249-258.
ISBN: 842701127X
Peso del producto: 386 g.
Estado del libro: Bueno, pero con cubiertas un poco deslucidas. Como se ve en las imágenes.
Precio: 9,99 Euros.
El autor inglés Ean Begg viajó mucho a principios de los años ochenta, en el curso de una investigación sobre las Vírgenes negras, de la que en 1985 resultó su ahora clásico libro The Cult of the Black Virgin, en el que refiere que la presentación de trabajos “sobre Vírgenes negras ante la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia, el 28 de diciembre de 1952, provocó la salida de la sala de todos los curas y monjas que se hallaban entre el público”.
Se estaría tentado a afirmar que los años cincuenta ya han quedado atrás, sobre todo en actitudes culturales, y que es muy probable que esas desacostumbradas imágenes ya hayan sido acogidas por la grey católica al lado de, por ejemplo, las de santa Teresita de Lisieux y santa Bernardita de Lourdes. Pero la verdad es que, aunque se sabe que el papa Juan Pablo II hizo visitas privadas a ciertas Vírgenes negras, su culto aún no ha sido reconocido de manera oficial ni su veneración tácitamente alentada siquiera.
¿Qué puede haber de malo en las Vírgenes negras como para que el clero siga juzgándolas aborrecibles? ¿Es sólo que desde siempre se les ha rendido culto en rincones rurales de opiniones demasiado independientes para la jerarquía católica, o la razón es aún más profunda?
ESTE ES EL LIBRO QUE TE ENVIAREMOS
Mientras recorría Europa de un sitio a otro, Begg advirtió un curioso fenómeno: aunque las Vírgenes negras solían ser exhibidas en lugares destacados en los templos, ni siquiera los párrocos eran capaces de dar información sobre ellas. Si se les insistía, a lo más que llegaban era a admitir que la respectiva Virgen negra llevaba ya más de 500 años en el sitio, y a sugerir absurdamente que su negrura era producto de una prolongada acumulación de polvo, lo que, además de dejar muy mal parada la eficiencia de generaciones de empleados de limpieza, resultaba a todas luces insostenible, porque muchas de las estatuillas en cuestión habían sido, ex profeso, pintadas de negro. ¿Cuál podía ser el motivo, de cualquier forma, de que unas sucias y manchadas imágenes hubieran inspirado tanta pasión durante cientos de años?
Begg relata que, tras preguntar a un sacerdote por qué las Vírgenes negras lo eran, un colega obtuvo la siguiente respuesta: “Son negras, hijo mío, porque son negras”.
En The Templar Revelation Prince y yo ilustramos con este episodio la siempre indiferente actitud de la Iglesia ante el tema. Aunque es posible que la intención de ese cura sólo haya sido apresurar un momento incomodo, irónicamente su respuesta dio origen al estudio de Begg, dada la posibilidad de una peculiar interpretación. La aplicación a este caso de la teoría de la navaja de Occam —según la cual la respuesta más obvia y simple suele ser la correcta— permite enmarcar las palabras del clérigo en el equivalente a la insensata respuesta “Porque así es” a preguntas como “¿Por qué este caballo es blanco?” e interpretarlas como que (las imágenes) son negras porque (la Virgen) es negra.
Sin embargo, en este fenómeno de las Vírgenes negras también incide otro factor: el de que en todas partes están íntima y específicamente ligadas a antiguos sitios paganos. En efecto, la Iglesia cristianizó ancestrales manantiales o bosques sagrados, sedes de ritos ofrendados a la naturaleza y de adoración a diosas.
Sus astutos jerarcas repararon en que, pese a la condena oficial, la gente seguía apreciando y honrando esos mágicos lugares, así que se apoderaron de ellos de la misma manera en que habían metamorfoseado dioses paganos en santos más bien míticos. Aunque, en general, mucho después, en los sitios paganos más sagrados de Europa comenzaron a aparecer Vírgenes negras, imágenes de la Virgen y el Niño con rostro moreno que, pese a ser iconos casi católicos, eran en esencia ídolos paganos.
La mayoría de los sitios de Vírgenes negras se han asociado por tradición con antiguas diosas como Cibeles, Diana e Isis, todas ellas con frecuencia representadas con piel oscura. Esas y otras deidades fueron originalmente diosas de la Luna, arquetipos divinos femeninos cuyas tres manifestaciones eran reflejo de las principales fases lunares: Luna Nueva, o fase de la Virgen; Luna Llena, o fase fértil de la maternidad, y Oscurecimiento de la Luna, cuando la diosa llega a su apoteosis como personificación de la sabiduría, en calidad de anciana, hechicera o bruja.
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